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7 d’octubre del 2007

El nacimiento de la luz VI

LA CRISTALIZACIÓN

Llegaron en pleno amanecer, los soles todavía no se veían, pero ya despuntaba su color amarillento aclarando la las llanuras de Avalón. Gwen ya estaba despierta, pero muy aturdida. Dirk ayudó a su Jenny a salir del transporte y la llevó hacía l’entrada de la Iglesia, allí llamaron varias veces esperando la salida del doctor.

Derry abrió la puerta clamando tranquilidad, que era ese escándalo?, no hubo terminado la frase, cuando se dio cuenta de la situación y los hizo pasar rápidamente. Walter, el robot, se encargó de todo, de las heridas de la pequeña alumna, del desayuno e incluso alguna otra orden que le había dado el profesor.

Gwen empezaba a mejorar a medida que avanzaba el día. A pesar de todo lo ocurrido la emoción le invadía todo el cuerpo cada vez que pensaba en ello. Ahora sabía que su elección de ser ecóloga era la correcta, le gustaba aquello e iba a vivirlo a fondo. Tan pausadamente como pudo fue contando toda la historia a Derrick. Sin dejarse ningún detalle, todo era importante, cualquiera de las pequeñeces era digna de ser contada.

Al cabo de un rato Dirk sacó el frasco donde había guardado a la mariposa. Entonces su Jenny se sobresaltó al ver que el animal no se movía. Le pareció que estaba muerto. Y así lo confirmó Derry. Pero este aclaró que no era una muerte del todo, sino que había empezado la mutación, su proceso de cristalización, y que eso se debía al contacto con el agua del pequeño lago del monte que acababan de regresar.

Gwen estaba un poco decepcionada, o más bien afligida por la muerte del insecto, pero muy interesada y fascinada por el procesa que estaba teniendo lugar delante de su atenta mirada.

El Doctor Derrick les aconsejó que se fueran a sus residencias a dormir un poco, y él controlaría toda la evolución, ya que esta duraba dos días y sólo había pasado casi uno, así que acordaron verse el día siguiente por la tarde. Entonces Gwen y Dirk se fueron a sus respectivas estancias estudiantiles a descansar del fantástico y agotador viaje, toda una aventura como calificó su querida Jenny.

La tarde del día siguiente se presentaron en casa del profesor, muy intrigados y antes de tiempo. Tenían unas ganas enormes de ver al insecto. Derrick les mostró el envase dónde estava la cristalina. Pero ahí no había ningún animal, sólo una hermosa joya del tamanyo de un pedrusco, era una joya preciosa Gwen se quedó muda, cuando de repente Dirk abrió el frasco, sacó la brillante piedra y se la entregó a su Jenny diciéndole que algún día serviría de recipiente de una joya susurrante, de su joya susurrante, la que contendría sus promesas de amor eterno. A Gwen le saltó un lágrima y se abrazó carinyosamente a Dirk. Después este besó a su Jenny tiernamente, como Lancelot haría con su Ginebra. Derry se esfumó silenciosamente dejando que la pareja disfrutará de su momento, de sus caricias y sus besos, en definitiva gozando del amor que se daban.

El tiempo y el destino serán los encargados de susurrar el futuro de la joya.

Fi.

El nacimiento de la luz V

LA LUCHA

La puerta de los deseos daba paso a un inmenso y espeso bosque, en el medio del cual deberían encontrar un pequeñito lago dónde encontrar la sede de las codiciadas mariposas. La parejita se adentró en el él con mucha ilusión, estaban cerca de del final de su hasta ahora emocionantísimo viaje, y todavía no sabían lo que se iban a encontrar.

Empezaba a oscurecer, la tarde ya caía, y en el espesor del bosque las sombras ya habían devorado por completo los claros de luz. Pero a partir de ahí, ya vieron que la distancia entre los árboles se ensanchaba, y volvían a tener un poco más de luminosidad en el camino. Dirk con la cabeza baja y bastante cansado, estaba pensando en que ya estaba un poco harto de esa excursión, cuando de repente Gwen salió corriendo y muy alterada, rompiendo así el trance en que se encontraba su enamorado. Fue entonces cuando t’Larien se paro y quedo paralizado y alucinado del paraíso que acababan de encontrar.

Era un lago pequeño, con una pequeña cascada que salía de las rocas del enorme monte Hryad, así se veía desde los pies de la gran rocosa roja. Los contrastes entre los verdes de los matojos, los rojos de las rocas y los azules cristalinos del agua, hacían de todo ello una visión espectacular. Entonces se dieron cuenta de los centenares de insectos que volaban las aguas, con las alas de colores, aquel espectáculo no tenia precio. Gwen y Dirk se aposentaron en una ladera del lago, acurrucados, descansando a la sombra, bueno lo que ya no era sombra, ya que la luz de los soles, había prácticamente desparecido.

Estuvieron un buen rato contemplando y comentando todo aquello que les rodeaba, con gran fascinación y admiración. Al fin Gwen, sacando su vocación de ecóloga se levantó, sacó su red y estuvo un rato persiguiendo mariposas cristalinas, hasta que cogió una, la que le pareció la más hermosa de todas. Y si le preguntaban, ella podría casi asegurar que era la misma cristalina que les visitó en el Space, así que misión cumplida, pensó la dulce Ginebra.

Mientras Dirk había estado preparando el envase, con agua del precioso estanque, para que se pueda formalizar la cristalización del insecto, tal y como había contado el doctor Derrick. Un envase preparado para permitir la respiración del animal sin que lleguea morir por estar engaviado.

Así fue como los dos jóvenes encerraron la bella mariposa en el envase y se prepararon para irse, aprovechando la noche para viajar tranquilos. Recogieron sus mochillas y entonces Gwen se acercó al agua para poder beber un poco y llenar la cantimplora antes de volver a las residencias.

De repente salió del agua una figura gigantesca, que parecía atacarla. En ese mismo instante salieron un par más de feos individuos de detrás de los arbustos encaminados hacía Dirk. Él cogió las mochillas y corrió hasta ella, se las colocaron a la espalda e intentaron escapar de sus fuertes y temibles atacantes.

Así que sin saberlo en esos momentos, Dirk y Gwen se encontraron con los Wrocks, los guardines del agua cristalizadora, monstruos altos y llenos de piel azulada y carentes de pelo. Monstruos de las grandes leyendas populares de Avalón. Hasta ahora todos creían que eran cuentos y exageraciones, pero allí tenían a tres ejemplares con cara de pocos amigos, y dispuestos a atacarlos.

Gwen se agachó con determinación y cogió una rama del suelo y empezó a blandirla como si de una espada se tratará, en un principio los Wrocks retrocedieron, pero de repente uno de ellos el que parecía más joven, dio una embestida y arrancó la rama de sus manos de un solo golpe, haciendo que esta rebotara en la cabeza de la chica.

Gwen cayó inconsciente.

Y fue entonces cuando Dirk se convirtió por primera vez en Lancelot. Como hará más adelante para retar a Bretan Braith, para poder dar una oportunidad al amor o al nuevo jade-y-plata de Gwen Delvano y Jaan Vikary, fuera de Worlorn, allí donde los nombres no manden sobre los humanos, allí donde uno es, lo que quiere ser. Donde Dirk t’Larien recibirá y asestará una estocada por la libertad. Por la libertad de los mundos, por la libertad de sus habitantes, por la libertad de los fantasmas, por la libertad de las almas, por la libertad de las promesas encerradas en hermosas joyas y lo más importante, una estocada para su nueva libertad. Pero sobretodo una estocada por la libertad de su Ginebra. No importaba el desenlace final, solo la oportunidad de comportase cómo un héroe. Su héroe. El de ella, ya fuera Jenny, Ginebra, o Gwen, se lo debía, se lo debía a sus sentimientos, a sus historias, a su … amor.

Salió el héroe dormido que llevaba dentro y cogió una pequeña piedra, la primera que encontró, y la tiró al gran animal. Sorprendido por su puntería, vio como se desplumaba sin tambaleos. Los otros dos quedaron un momento paralizados, mientras Dirk aprovechó para coger la rama y la lanzó directa a sus oponentes, dándole a la cara de uno de ellos que cayó de rodillas y empezó a rugir y gemir, entonces el tercer Wrock salió corriendo hacía los arbustos. t’Larien cogió a su Jenny y se fue tan rápido como pudo en busca del transporte para volver a casa.

Su Ginebra recobró el conocimiento al llegar al coche espacial, estaba recostada en el asiento del copiloto mientras Dirk guardaba las mochilas en la parte trasera y subió de un salto para arrancar y huir.

Durante la bajada del peligroso monte Hryad, acordaron dirigirse directamente al jardín botánico del viejo Derry. La dolorida Gwen se quedó dormida durante el nocturno viaje de vuelta.

Continuarà...

El nacimiento de la luz IV

EL VIAJE

Y como ya hizo su antecesor pocas horas antes, de repente apareció el amanecer, con mucha fuerza y determinación. La vida empezaba un día más en el lejano Avalón.

Gwen llegó radiante con su nuevo coche estelar, era el primero que tenia, y estaba muy ilusionada para poder enseñárselo a Dirk. Éste quedó alucinado, no era partidario de utilizar esas maquinas para el transporte, pero quedó realmente impresionado. Gwen le abrió la puerta y él entró de un salto. Se acomodó, puso el brazo por encima la puerta y ella arrancó a gran velocidad. Dejando la ondulante cabellera de Dirk a los azotes del viento. Agradable sensación, pensó él, pasando su mano para arreglarse el pelo. Mientras su Jenny sonreía tímidamente por debajo de la nariz, sonreía de aquella situación. Ella arrancó y se dispuso a ir hacía el destino marcado, el desierto de Stayaan.

Fue un agradable paseo. Y pronto estarían en el lugar deseado. El rojizo desierto perdía intensidad con la subida de los soles, así que casi desaparecía su color rojo. Llegarón al monte Hryad cerca del mediodía, bajaron del transporte y se tomaron el pic-nic a la sombra de unos altos árboles, desnudos de hojas, parecían moribundos pero su robusteza denotaba mucha vida. Con el estomago lleno se levantaron para continuar su excursión, y vieron que se acercaba una leve capa de aire, que cogía color y densidad a medida que avanzaba hacia ellos.

De pronto se formó una espesa capa de arena, salida de la nada, en un abrir y cerrar de ojos, se encontraban en una tempestad de viento y arena de grandes dimensiones. Lo que se había planificado como una excursión, se había convertido en una peligrosa aventura. Fue entonces cuando los ojos de Gwen brillaron como más adelante volverán a hacerlo, al más puro estilo del temible Garse Janaceck, todo un Jadehierro, digno de ser un honorable teyn, mostrando determinación y poder, una mirada que Dirk no descubrirá hasta que sea demasiado tarde. El joven t'Larien estaba un poco asustado, aquello le superaba, nunca había servido para solventar satisfactoriamente los contratiempos inesperados y menos uno de esas dimensiones.

Él buscaba a su Jenny desesperado, entre un montón de arena volante, y completamente desorientado, de repente salió la chica aventurera, con paso firme, llevando consigo el extremo de una cuerda. El otro extremo estaba atado al transporte espacial. Ahí fue donde Dirk se dio cuenta que no podía estar más enamorado de su Ginebra, aunque el no estuviera a la altura de un Lancelot. Un sentimiento al que ahora no le daba la mínima importancia, pero ya se encargará el paso del tiempo de recordarselo.

La tormenta pasó en media hora y la señorita Delvano saltó del transporte donde se habían refugiado, y desató la cuerda que los mantenía juntos a ella, Dirk y la nave. Sentía orgullo, un ardor interior que jamás había sentido. Una sensación que no volvería a sentir hasta ser un betheyni por unión de Jade-y-plata.

Una vez acabaron de recoger todo el material que se les había desperdigado, subieron al coche y emprendieron de nuevo la marcha hacía los matorrales de la entrada del bosque que guarnecía los pies del hermoso monte.

Parecía mentira que pudiera haber esa calma después de la gran tempestad, en tiempo en ese lugar oscilaba de manera muy brusca. Aprovecharon ese descanso para hacer un buen tirón de kilómetros. Por fin llegaron a los pies de la rocosa Hryad, a partir de allí ya no les serviría el coche espacial.

Prepararon sus mochilas, cogieron las linternas por si se les hacía de noche, y empezaron a subir las rocas, por suerte, no hacía falta escalar, simplemente tenían que buscar pasos de rocas anchas. En una de esas rocas, Dirk resbaló y estuvo apunto de caer monte abajo. La situación lejos de ser peligrosa, provocó un descanso obligado a cusa de la risa incontrolable de Gwen, él un poco avergonzado e incomodo, ya no sabía como ponerse ni donde esconderse. Pero la escandalosa y contagiosa risa de su Jenny hizo que terminaran los dos por los suelos riéndose sin para un buen rato.

El chillido de un grupo de aves que les paso volando por encima terminó con las carcajadas, y aprovechando ese momento se pusieron de nuevo en camino. Subieron poco más y el terreno ya se volvió llano. Un descanso pensó el cansado t’Larien. Cuando de repente la jovencita Delvano gritó - Mira Dirk !!! - Él levantó la cabeza y divisó a lo lejos una estructura de piedra no muy bien definida, que proyectaba grandes sombras. Los dos sonrieron y avanzaron callados apresurando un poco la marcha.

Al cabo de una media hora larga, llegaron a la puerta de los deseos, a partir de ese monumento, según contó Dirk haber leído en los libros de la biblioteca, se encontraba el paraíso de las cristalinas. Así que con curiosidad y temor empezaron a andar en esa dirección.

Continuarà...

El nacimiento de la luz III

LA BÚSQUEDA

Dirk se levantó pronto. Preparó su desayuno habitual, y fue a darse una ducha. Después devoró rápidamente su comida matutina previamente preparada y se marchó volando a la biblioteca. En Avalón las bibliotecas estudiantiles estaban abiertas siempre, así que no importaba que fuera domingo. Al contrario un día bastante transitado, en lo que a la biblioteca se refiere. La gente aprovechaba el silencio de la biblioteca para realizar mejor sus estudios. Ya que en la ciudad, el murmullo era constante, incluso encerrado en casa era imposible conseguir un silencio total. Ese silencio sólo se conseguía en las bibliotecas, por esta razón siempre estaban muy pobladas.

t’Larien buscaba en la sección de naturaleza, buscaba toda la información que su Jenny le había pedido que investigará. De momento, los frutos que había logrado en tres horas de búsqueda, era tan sólo el nombre de ese insecto, larba-cristalizadora, o más conocida como “La Cristalina”.

Pasaron unas cuantas horas más de búsqueda. Era ya el mediodía y todavía no había encontrado nada más interesante sobre ese curioso insecto, sólo su denominación y su localización de origen, el desierto Stayaan, bastante cerca de dónde ellos residían. Así que Dirk decepcionado y cansado se fue al bar a comer un poco, estaba hambriento.

Por su parte, Gwen terminó sus clases matinales de deporte se duchó y se fue a ver al Dr.Derrick. John Derrick era el profesor más querido de la universidad, por su amabilidad hacia los estudiantes, y gracias a su autodenominada Iglesia. La Iglesia, era el jardín botánico donde el doctor pasaba todas sus horas no lectivas. Allí atendía sin reparos a todos aquellos estudiantes curiosos, o más adelantados. Gwen por supuesto era una de sus alumnas más avanzadas, de las más intrigantes y complacientes. Y ella tenía en el centro botánico su segundo hogar, la casa que echaba de menos. Así se convirtió la jovencita Gwen en el monaguillo del viejo Derry, así conocían en la universidad, el vinculo formado entre el profesor chalado y su alumna preferida.

Gwen entró en la Iglesia buscando al reverendo Derry, así lo llamaba ella amistosamente. Y allí lo vió, a John en su casita de cristal. El doctor estaba en su pequeño invernáculo dentro del centro botánico, trabajando en unas semillas nuevas que le habían llegado de los mundos exteriores de Avalón.

En seguida, vió a su pupila allí, esperándole de pie y salió rápidamente del habitáculo cristalino. El doctor saludó efusivamente a Gwen, como si de su hija se tratara, y se pusieron a hablar de inmediato. Hacía unas semanas que no se veían, debido a las tareas de ella, y se notaba, tenían mucho que contarse. Hablaron de cosas sin importancia un buen rato y luego decidieron ir a la cabaña del profesor a comer juntos. La cabaña que se encontraba justo al final del jardín botánico.

El viejo Derry, era un hombre muy solitario, un hombre culto, de estudio, un hombre independiente, por eso a pesar de su soledad, no quiso ni tener una mujer para las tareas de casa, prefirió un robot. Un robot de ultimísima generación. Un WalterMix 7.2-RT, una serie limitada de cien mil unidades, muy pocas para tanto sistema planetario. Un robot que era capaz de hacer cualquier tarea, y con la ventaja de que si no sabía hacer algo o era una nueva habilidad, sólo tenia que conectarse al centro de control de la Unión Robótica S.A. de la central en Avalón, y por un precio no precisamente módico, se transfería al robot, toda la información, datos, o incluso el nuevo programa, necesario para su actualización a las nuevas habilidades o conocimientos.

Así que llamaron a Walter, que con ese nombre respondía a las ordenes que se le daban, para que les hiciera la comida, mientras ellos se sentaron en la mesa a la espera de recibir un suculento manjar. Entonces volvieron a empezar la conversación, fue en ese instante cuando Gwen empezó a hablar de lo sucedido el día anterior en el Space, en compañía de Dirk.

El doctor escuchaba con mucha atención, todo aquello que relataba su alumna, y lo hacia con leve una sonrisa por debajo de la nariz, ya que conocía perfectamente a ese animal, a ese insecto. Que recuerdos. Que sueños. Nunca se puede olvidar. No se debe olvidar. Felicie seguía viva en su interior. Y en ese instante lo recordó. La deseó de nuevo. Se emocionó como hacía mucho tiempo que no lo hacía.

Hubo una vez en que Derrick no fue solitario, una vez que fue completo, una vez que fue tan feliz como parecía en esos momentos la ingenua de Gwen. Toda aquella historia le recordó el pasado, un pasado que tenia tan olvidado, que parecía no haber existido nunca. Después de quedarse unos segundos desconectado, el profesor mostró una sonrisa melancólica y empezó a contar una historia a la pequeña Gwen. Concretamente su historia, y su relación con la Cristalina, el insecto de tanta admiración. Admiración que sentía la joven Delvano, y admiración que sintió en su día la fallecida Felicie, la mujer del profesor. Su recuerdo trajo a los ojos del doctor una lágrima de felicidad y melancolía. Gwen no dijo nada, sólo escucho lo que Derry quería contar.

La historia empezó en los largos jardines del centro de la ciudad. Un día de amor en primavera, entre árboles y flores de colores vivos, en su máxima floración, colores y olores que hacían de un simple jardín el mejor de los paraísos. En un claro de parque yacían los enamorados, abrazados, el uno con el otro, gozando de la compañía, sólo algún beso era capaz de romper aquella armonía.

Con tanta pasión les pasó el tiempo volando, Felicie se dio cuenta, y se levantó rápidamente, recogió sus cosas, y enderezó su rubia cabellera con un pequeño y brusco ladeo se su cuello. Ese gesto tan característico, tan poderoso y tan atrayente a la vez, volvía loco, al entonces jovencísimo profesor. Pero esa vez hubo una ayuda a tal admiración, y fue la repentina aparición de la cristalina, el bello insecto.

Así fue como Derry tuvo su primer encuentro con el animal que tenia fascinada a su alumna. El doctor contó a Gwen todo lo que sabía sobre el animal. Y esta quedó satisfecha. Después de su comida con el profesor y las historias de sobremesa, se fue a la residencia, pasando por el parque del campus. Lo hacía a menudo cuando necesitaba pensar o meditar alguna cosa. Esta vez se detuvo a la sombra de un gran árbol, ahí sentada y mirando al horizonte con la mirada perdida, Gwen se encontró de nuevo con el insecto.

Fue un instante, como una aparición, como un sueño, pero esta vez la jovencita sabía que lo volvería a ver una y otra vez hasta que el insecto completará su cristalización, el fin y el motivo de la vida de la bonita mariposa. Así se lo había contado Derrick.

Como cada noche, las residencias de los dos estudiantes se unían mediante una llamada. Esta vez llamó Gwen, estaba excitada por todo lo ocurrido, y tenía unas ganas infinitas de contárselo a Dirk. Como era costumbre los dos se encontraban en la cama. Cada uno en la suya. Colgados al teléfono y hablándose durante casi una hora. Un ritual que les encantaba.

Gwen yacía toda comprimida, en posición fetal, y bien acurrucada contra la almohada, dejando el teléfono encima de su oreja, para poder jugar con las puntas de la sabana mientras hablaba. Dirk, por su parte, estaba acostado boca arriba, con una mano debajo la cabeza y la otra sosteniendo el teléfono, observando las estrellas de su nuevo reflector estelar, que hacía un mes que se había comprado. Un aparato que reflejaba en la pared del techo, todas las constelaciones que tenia cargadas en su memoria, pudiendo escoger la vista nocturna, la más espectacular que se desease, sólo había que cargarla en el modulo de encendido y listo. Esa noche escogió una vista oscura, con pocas estrellas, pero con una de bien iluminada, su brillo alegraba la vista solo de observarla.

Ella le contó la historia del profesor y la particularidad de este insecto. Él sorprendido de que la cristalina pudiera estar relacionada con leyendas de amor, le contó las propiedades físicas que hacían que el animal pudiera cristalizar. Información que por fin pudo encontrar después de remover la biblioteca entera durante toda la tarde.

También contó a Gwen, que había encontrado un libro, que hablaba de un sitio donde, se suponía que las mariposas iban, para poder interaccionar con el líquido que les permitía al cabo de dos días de su contacto, empezar el proceso de cristalización.

El buen doctor, también les contó que el cristal que se obtendría de esa cristalización, era el que se usaba para hacer las joyas susurrantes. Aquellas joyas que contenían las promesas y los deseos de los enamorados, y que creaban una conexión eterna entre los dos individuos que la forjaban.

Fascinados Dirk y Gwen acordaron ir en búsqueda de ese lugar, donde recogieran algún insecto, para poder tener un cristal en caso de querer en un futuro una joya susurrante.

Cuando finalmente se pusieron de acuerdo para la salida del día siguiente, ella le pidió tiernamente que lo hiciera. Hubo un pequeño silencio y luego se oyó un ruido, eran las hojas al pasar, hasta llegar al punto exacto. Ahí Dirk suspiró y empezó a leer. Era costumbre entre ellos que al despedirse de su conversación nocturna, él le leyera un poema. Las letras se juntaban, y las frases cogían ritmo, y así párrafo tras párrafo se formaba la melodía de una nana perfecta. Así terminaban los días, para dar paso a las noches de sueño. Se despidieron dulcemente, con besos y besitos y cuando finalmente colgaron el teléfono, se durmieron... juntos... a pesar de la distancia, pensando el uno con el otro, pensando en su inminente excursión al monte Hryad, en el rojizo desierto de Stayaan.

Así que ya estaba decidido, la mañana siguiente la dulce parejita, emprendería un viaje hasta el desierto Stayaan. Un viaje lleno de sorpresas inesperadas. Un viaje a la tierra de los Wrocks. Esos grandes desconocidos, sólo nombrados en leyendas y fantasías.

Entonces cayó el anochecer.

Continuarà...

El nacimiento de la luz II

PRIMER VUELO

Gwen estaba escribiendo y devorando sus libretas mientras Dirk lejos de prestar atención a sus tareas, se distraía observando a su concentrada Jenny. Cuando de repente apareció un pequeño insecto volador de enorme belleza, que rompió sus sueños bruscamente. Dirk quedó fascinado.

Sus alas de varios colores, formaban figuras increíbles al batir-las, para conseguir moverse. De pronto se paró en uno de los lomos, de las libretas de Gwen, como si estuviera esperando algo. Dirk miró a su Jenny, y ésta salió del trance estudiantil en el que se encontraba y quedó sorprendida al notar la mirada clavada en sus ojos. El insecto que se parecía a una mariposa de la vieja tierra, el llamado tercer planeta, empezó a volar entre los dos. Todo pareció desaparecer, y las miradas empezaron a bailar, como si estuvieran fuera de sus cuerpos, emprendiendo una vida propia, independiente de los ojos que las retenían, viajando libres por un aire fresco y nuevo. Ellos oían una melodía inexistente para el resto de los allí presentes. Era la música que marcaba el ritmo, el 'tempo' de los bailes de miradas. Fueron unos segundos que se prodigaron eternos para los dos protagonistas.

De repente todo se desvaneció y la imagen del insecto apareció de nuevo. Toda la magia exhibida pareció limitarse ahora al dulce vaivén de sus alas. Éste emprendió el vuelo hasta el ventanal del Space. Gwen y Dirk que quedaron sorprendidos al ver que la mariposa, se encontraba, ya, fuera del café y no dentro. Un espejismo, un milagro, quien sabe, lo que si es verdad, es que ese cristal no existió para el extraño insecto. Lo atravesó como si fuera una cortina de aire. Gwen alargó el brazo hasta tocar el vidrio, y ahí estaba, frío y duro, imposible de traspasarlo.

Estuvieron juntos un par de horas más en el café. El insecto fue el único tema de conversación. Lo único que les importó. Gwen estaba maravillada, le parecía genial aquel animal, necesitaba saber más, necesitaba saberlo todo, necesitaba investigar.

Se despidieron como siempre, y cada uno se fue a su residencia. Esa noche Gwen no durmió. Todo era emoción, inquietud y deseo. La mañana siguiente empezaría la búsqueda. Así lo pactaron en la nave número 5 del Space con Dirk, donde se dividieron la tarea, para poder abarcar más información más rápidamente. Al anochecer se contarían los detalles.

Continuarà...

El nacimiento de la luz I

Aquest és el primer conte, ben acabat que tinc, i m'agradaria compartir-lo, amb tots aquells que tinguin la casualitat de passar per aquí. Ja que jo vaig escrivint, però per mi, sense publicar el bloc en altres pàgines per tenir més visites. És una mena de diari del que escric.

Posaré el conte sencer i tot avui, perquè no us quedeu a mitges, però ho faré en diverses entrades perquè quedi tot més ben organitzat.

Aquesta és una història basada en un llibre de George RR Martin, que és diu 'La muerte de la luz', la meva història esta orientada en temps anteriors a la seva. Seria bo haver llegit el llibre abans, per entendre algunes de les referències, però sinó crec que també és una bona història, modèstia a part.

Doncs sense més preàmbuls, aquí la teniu.

PROLOGO

Avalón, el lugar donde Gwen y Dirk crearon sus recuerdos, mucho antes de volverlos cenizas... Dónde un amor puede tener dos caras, dónde Dirk ama a Jenny, dónde Gwen es Ginebra para poder ser amada. Dónde un amor se divide, se consume, poco a poco, sin que los protagonistas se den cuenta.

En el café Space de Avalón, se encontraba la pareja, seguramente no era el antro más popular de Avalón, pero si el más querido por ellos dos. Allí daban tregua a la sed mutua de mostrar su amor al mundo. Allí era dónde avanzaban las materias universitarias, dándose respiros lo bastante ardientes como para ser advertidos por todos. Eran la envidia de aquel café, y el propietario demasiado melancólico como para echarlos. Así se sucedían las tardes de ese año estándar.

Pero aquella tarde, la semilla de ecóloga de Gwen, creció, descubrió el camino que seguiría incluso después, en sus aventuras planetarias, incluso en Worlorn, dónde el destino hizo que la joya susurrante realizará su función, una joya que todavía, en ese entonces no estaba entregada. Todavía no había sido soñada, ni deseada.

Los dos estaban sentados frente a frente, en los pequeños bancos acolchados, que formaban parte de los pequeños habitáculos del Space, que daban tranquilidad e intimidad, a los que venían a tomarse alguna cosa. Esos habitáculos eran llamados coloquialmente por sus usuarios, como las naves del Space. Pues es allí en una de esas naves, fue dónde empezó a volar esta historia, una de las muchas entre los señoriítos Delvano y t’Larien. La parejita de moda.

Continuarà...